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26 August 2009 @ 09:51 am
Informes previos de una fiesta peligrosa.  
¤ Comunidad: crack_and_roll.
¤ Título: Informes previos de una fiesta peligrosa.
¤ Fandom: Law&Order: SVU.
¤ Claim: Melinda+Olivia.
¤ Reto: 04. Fiesta.
¤ Palabras: 660.
¤ Advertencia: Tontería y media.
¤ Notas: Totalmente crack (??).
¤ Resumen: Munch finalmente pondrá su bar y quiere que la inauguración sea única.



―Creo que esto es mala idea ―dijo Olivia con tono nervioso, sin atreverse a salir del baño. Melinda soltó un suspiro, aunque no pudo evitar sonreír divertida.

―¿Sigues con eso? ¿Tengo que recordarte que, en parte, fue tu idea?

La puerta se abrió y Olivia entró en la habitación, con un aura tétrica sobre ella, casi como si estuviera alistándose para su propio funeral (El cual, por cierto, sería demasiado colorido para su gusto). Melinda, al verla, posó su mano sobre su boca, intentando contener su risa, acción que sólo logró que la detective frunciera el ceño.

―En realidad soy completamente inocente y Munch es el único culpable de esta locura. Quería una idea original para la inauguración de su nuevo bar―bufó Benson, mientras se acomodaba la falda. Melinda tosió un poco, controlándose.

―Pero tú le propusiste la idea en sí ―insistió Melinda. Olivia negó con un gesto.

―No, no. Yo sólo le dije el tema en plan broma. Nunca creí que en verdad le iba a gustar.

―Cómo sea. Lo hecho, hecho está. La idea si es interesante, considerando quienes vamos a participar. Además, te vez linda.

―¿Linda? ―El ceño de Olivia se frunció más―. ¿Cómo puedo verme linda vistiéndome así? Ridícula es la palabra que mejor me define ―gruñó y ahora si que Melinda no pudo controlar la risa.

Olivia iba vestida, o disfrazada mejor dicho, de princesa, más específicamente de la Bella Durmiente, con peluca incluida. Y es que la gran idea original de Munch era una fiesta de disfraces temática. El error de Olivia había sido el mencionarle, bromeando, que sería lindo que lo hiciera de cuentos de hadas, pues era algo totalmente inesperado viniendo de gente que trabajaba en su unidad. Y a Munch esa explicación le gustó mucho.

―Al menos eres una princesa ―siguió Melinda, terminándose de arreglar el cabello―. No como yo. Dime, ¿Cuántas caperucitas rojas de color conoces?

Olivia se permitió relajarse, incluso reí un poco, cosa que animo a Melinda.

―Y, por si sigues sintiéndote mal ―siguió la doctora, colocándose la capucha y tomando el canasto que había preparado para la ocasión, la detective pudo distinguir una cámara digital entre la tela del mismo. Miró a Olivia, con tono pícaro―, aún puedes burlarte de Fin y Elliot.

Y aquello fue suficiente para alegrar totalmente a Olivia, así como para convencerla que aquello no podría ser tan malo.

Sucede que eligieron los disfraces por sorteo, así habría más variedad (según Alex, quien dio esa sugerencia). Y ella no había sido la única que se quejó de su disfraz. A Fin le había tocado ser la abuelita de Caperucita Roja, mientras que a Elliot le tocó ser la Reina malvada de Blancanieves. Ambas mujeres se vieron y se echaron a reír, de solo imaginárselos. Ambas estuvieron seguras de que Kathleen (la encargada de realizar el sorteo) había metido mano en todo el asunto, tal vez como venganza contra el reciente castigo que le había puesto su padre.

―Pero, ¿en verdad crees que Elliot se disfrace de eso? ―preguntó Melinda, mientras ambas comenzaban a salir del departamento de Benson, donde habían decidido reunirse para cambiarse― Vamos, que cuando se enteró de que le tocaba disfrazarse se puso como un huracán.

―Así siempre se pone cuando algo no le gusta ―dijo Olivia, acostumbrada a ver a su compañero actuar de esa forma―. Ciento por ciento segura de que si se disfraza. Entre Kathleen, Maureen y Kathy lo obligan, ya lo verás.

Melinda asintió, recordando el fuerte carácter de las mujeres Stabler. Subieron al auto de Olivia, dispuestas a partir a la fiesta.

―Eso si, si vemos humo en el local mejor irnos.

―¿Humo? ―preguntó confundida la morena. Olivia le guiño el ojo.

―Elliot es capaz de casi cualquier cosa para evitar ser el centro de atención.

―¿Tan extremista? ―río Melinda. Olivia sólo se encogió de hombros.

―El orgullo para los hombres es algo sagrado ―Melinda tuvo que darle la razón.

Definitivamente aquella noche sería inolvidable.


 
 
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